COMPENDIUM

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I

 

Siempre he servido a Roma, desde que mi abuelo Qai Cneio me puso bajo la protección del jefe de guerra Oresan hasta que volví a la tierra bastiana de mis antepasados, ya viejo y con el cuerpo enaltecido por muchas cicatrices, para reposar a cobijo de mi techo apacible, beber vino dulce que traen en cántaras de barro los comerciantes de Murgi, recordar en calma, escribir la historia de mi vida y gastar con sosiego y en prudente número, sabiendo que ya mi tiempo se acaba y no he de permanecer en este mundo más de dos o tres años, todas las riquezas que atesoré en las muchas campañas milicianas, asedios y saqueos en los mi sangre fue derramada a cambio de la espléndida recompensa con que Roma siempre paga a quien defiende sus estandartes con lealtad y valentía: el oro.  
Siempre he servido a Roma. He respetado la memoria de mis antepasados y muchas veces quemé incienso en ofrenda a los dioses que ellos me enseñaron a venerar; he merecido el afecto de algunos hombres notables por su fuerza y destreza en el campo de batalla, también por su sabiduría; he amado a varias mujeres, una de las cuales, Sofonisba, se convirtió en la risa y el fuego de mi juventud; he luchado y mezclado mi sangre con la de muchos enemigos por todo el solar de Hispania, participé en batallas que se prolongaron durante días y noches sin que me desfalleciera el ánimo ni mi brazo flaquease a la hora de cortar la cabeza a un adversario; he levantado la mirada al cielo, en medio de grandes matanzas, pidiendo a mi protectora Demeter que me concediese la victoria o una muerte digna del soldado que siempre quise ser; he conocido la fidelidad y la traición, la indulgencia y la impostura, el hondo sueño que embriaga después de haber matado al último de nuestros rivales y la angustiosa vigilia de quien ignora si verá el nuevo día, asediado por el rencor furioso de las sombras y cercanos clamores de muerte; y una vez, hace mucho tiempo, vi de cerca el rostro álgido y la mirada indiferente de la diosa de barro, y no temblé, no dejé que aquella presencia me turbase y no quise regalar a los sacerdotes que me sujetaban por los brazos y cabeza (obligándome a observar con sumo detenimiento a la diosa de barro), una gota de sudor, un escalofrío o siquiera un inquieto parpadeo. No considero soberbia ni mucho menos altanería decir hoy, simplemente, que mantuve la entereza y salí del encuentro con fama de hombre valeroso. Desde que murieron mis padres y fui rescatado de las cenizas de mi casa por Maharbal el taciturno, no he temido más que a una desgracia: perder el favor de mis compañeros de armas y que Roma, la magnífica, olvidase mi nombre y desdeñara mi pericia a la hora de combatir. Porque yo, Silio Cneio, bastiano de Actara, he preservado con infinita avaricia la más grande reputación que un hombre puede alcanzar en esta vida, no otra fortuna ni virtud que servir a Roma. Tan sólo esa decencia me ha bastado para considerarme libre, orgulloso y honorable. Ni siquiera el antiguo vaticinio que salió de labios de mi madre a los pocos instantes de nacer, según el cual yo nunca moriría por la espada, hizo que me considerase a mí mismo alguien diferente a los demás, con mayor suerte, mérito o mejor derecho al goce de privilegios. Mi pan, yo lo he ganado; mi oro es mío; mi ímpetu y mi sangre yo los gasté cuando quise y en las pendencias que me convinieron. Sólo Roma y la satisfacción de haber combatido al amparo de su nombre me hacen sentir hoy, cuando soy viejo y estoy lleno de recuerdos y me siento agitado por la subterránea fuerza de la nostalgia, un hombre honesto entre los demás hombres. Y esa es toda la ventura que necesitaré cuando se terminen los pliegos y se seque la tinta de Rumelia que uso para escribir y se apague la llama de mi linterna de aceite, y cierre los ojos y duerma para siempre... y encuentre en el gran arriba la imagen retornada, sin duda aún plena de dulzor y aquella admirable belleza que me deslumbraba, de Sofonisba, a quien todavía, en el recuerdo, yo amo.

 

(... para seguir leyendo...)

 

23/12/2005 18:27 Autor: ladiosadebarro. #. Tema: La diosa de barro.


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