ENTREVISTA

IDEAL. Granada, 9/05/2006)
Juan Luis Tapia
-¿Por qué una novela ambientada en un periodo histórico de la Hispania romana?
No es en realidad la situación temporal, la época de romanización de la Península Ibérica, lo me interesó en principio, sino el atractivo de un tiempo en el que, como decía Falubert, "sólo estaba el hombre". El único poder real, colectivo, comúnmente reconocido en todo el ámbito civilizado, era el que se articulaba en torno al Imperio y el Emperador, el cual llegaba a ser divinizado en muchos territorios conquistados por Roma. Esa situación del hombre solo en busca de su destino, que es la civilización, la búsqueda por tanto del más hondo sentido de su permanencia en este mundo, fue lo que me cautivó de esa época convulsa, de miseria y esplendor, celebración de la vida y exaltación de la muerte "decorosa" que supuso el encontronazo entre los pueblos ibéricos y el imperio romano.
-¿Se ha sumado a la pléyade de títulos con enigmas o se trata de una novela de corte bien distinto a los 'códigos'?
El único código que me interesa es el de acceso a mi cuenta de correo electrónico y a la banca digital, para ver cómo andan mis números rojos. Toda esa avalancha de misterios históricos convertidos en intriga literaria ha producido algunas muy buenas novelas (como la saga templaria de Juan Eslava, "El abad Sauniére" de Jean-Michel Thibaux, un relato lleno de encanto, emoción y sentido del humor, o "Los pergaminos cátaros" de Luis Melero, que es un novelista versátil y brillante; pero la mayoría de estas narraciones con vitola de tremebundo secreto escondido en el criptograma a medio desvelar de sus páginas, son francamente risibles cuando no directamente deleznables, de una puerilidad ofensiva. En cuanto a la novela llamada histórica, yo no creo en esa distinción, impuesta más por la lógica comercial que por la realidad del hecho literario. Hay novelas, buenas, regulares o malas, y nada más. Nadie tendría la osadía de catalogar a "El siglo de las luces" de Carpentier, o "Bomarzo", de Mujica Lainez, como meras "novelas históricas". Yo aspiro a hacer literartura. Que los hechos y los personajes se situen en una época concreta no es mi responsabilidad, aunque sí mi compromiso aceptado de honestidad hacia el lector, lo que me obliga, en aras de la verosimilitud, a recrear esa época con toda la fidelidad y esmero posibles.
-¿Con qué tópicos acaba su novela respecto a una época de la historia que fue manipulada por el régimen franquista con Viriato y otro héroes de ese tipo?
No creo que acabe con ninguno, por desgracia, pero sí es beligerante con la idea de unos pueblos ibéricos que, comandados por caudillos como Viriato, Indívil y Mandonio, etc, "resistieron heróicamente" a la "invasión" romana. Lo que estaba en juego era el poder sobre Iberia, la joya del mediterráneo y posteriormente del imperio, y muchos pueblos lucharon por ella. Viriato fue un jefe de guerra más entre los muchos que contendieron, y lo mismo luchaba contra Roma que contra las ciudades iberas que se resistían a pagarle tributos. Al final triunfó Roma, es decir, la civilización en un mundo que, necesariamente, la tuvo como guía y avanzada del progreso de la época, en todos los ámbitos, para surcar el larguísimo camino que lleva de las edades antiguas a la modernidad. Sin Roma y su legado, que somos nosotros mismos, no es viable el concepto siquiera de modernidad.
-¿Qué ha querido decir o contar en su novela además de una historia de amor ambientada en un momento determinado?
He querido hablar de algunos temas que me interesan. Yo no escribo para que otros vean lo mucho que sé o lo bien que se me da este oficio, sino para saber, conocer, aprender y, en todo caso, preguntarme a mí mismo sobre aquello que me inquieta. He querido interrogarme sobre el sentido de la lealtad, el honor, la amistad, la valentía y, sobre todo, "la recompensa", es decir, el anhelo de todo ser humano de hallar legítima compesación a sus afanes en este mundo. Al final, como en el libro del Apocalipsis, me quedé con el aserto, muy cierto según creo, de que la obligación de toda persona sensata es la de "ser el hombre que lleva siempre consigo su recompensa".
-¿Cómo ve la España del Estatut frente a aquella Hispania romana?
Mucho más despierta en cuanto a la visión global que de sí misma tiene la sociedad, y más o menos lo mismo de "sitiada" por las apetencias locales de caudillos locales.
-¿Qué relación tiene La diosa de barro con La dama de Baza?
Es la imagen, la figura de la Dama de Baza, una diosa de barro que no es una diosa, que no pertenece estrictamente hablando al arte ibérico, que fue comprada por a saber qué jefe tribal bastiano a averigüe usted qué comerciante griego o fenicio. Es una metáfora sobre la complejidad de lo real, y una metáfora perfecta, creo (no hablo de mi novela, sino de la imagen), porque como usted sabe se trata de una urna funeraria. Al final todo acaba como en las escenas finales de una de mis películas favoritas, "Blade Runner" de Ridley Scott, con el héroe replicante componiendo, exactamente, la misma figura funeraria de la Dama de Baza, dejando escapar a la paloma, la vida, que sostiene en la mano, y aceptando lo que todos debemos aprender a aceptar: "Es hora de morir".
-¿Ha pretendido romper con las novelas de este corte, que ahora están tan de moda?
He pretendido hacer literatura, como siempre que escribo una novela, o sea, buscar la emoción y el conocimiento. No quería, ni me apetecía lo más mínimo, hacer divulgación histórica ni entretener con chascarrillos "de romanos". Para ese menester ya hay cantidad de películas, libros de amenidades y multitud de publicaciones.
-¿Hay que sumarse a una corriente literaria o a una moda para estar en los escaparates de las librerías, para tener presencia?
Puede que sí, el panorama literario se ha convertido en el mercado editorial y parece no tener remedio la cosa, de momento. Pero le insisto en que yo no escribo para estar en los escaparates de ningún sitio, sino para saber e intentar aprender, de las historias que cuento y de los lectores que me frecuentan... y porque no sé hacer otra cosa, para qué nos vamos a engañar.
-¿Considera que el panorama literario se ha plegado al mercado o existen aún verdaderos creadores?





