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12/05/2006

ENTREVISTA

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IDEAL. Granada, 9/05/2006)

Juan Luis Tapia

-¿Por qué una novela ambientada en un periodo histórico de la Hispania romana?

No es en realidad la situación temporal, la época de romanización de la Península Ibérica, lo me interesó en principio, sino el atractivo de un tiempo en el que, como decía Falubert, "sólo estaba el hombre". El único poder real, colectivo, comúnmente reconocido en todo el ámbito civilizado, era el que se articulaba en torno al Imperio y el Emperador, el cual llegaba a ser divinizado en muchos territorios conquistados por Roma. Esa situación del hombre solo en busca de su destino, que es la civilización, la búsqueda por tanto del más hondo sentido de su permanencia en este mundo, fue lo que me cautivó de esa época convulsa, de miseria y esplendor, celebración de la vida y exaltación de la muerte "decorosa" que supuso el encontronazo entre los pueblos ibéricos y el imperio romano.

-¿Se ha sumado a la pléyade de títulos con enigmas o se trata de una novela de corte bien distinto a los 'códigos'?

El único código que me interesa es el de acceso a mi cuenta de correo electrónico y a la banca digital, para ver cómo andan mis números rojos. Toda esa avalancha de misterios históricos convertidos en intriga literaria ha producido algunas muy buenas novelas (como la saga templaria de Juan Eslava, "El abad Sauniére" de Jean-Michel Thibaux, un relato lleno de encanto, emoción y sentido del humor, o "Los pergaminos cátaros" de Luis Melero, que es un novelista versátil y brillante; pero la mayoría de estas narraciones con vitola de tremebundo secreto escondido en el criptograma a medio desvelar de sus páginas, son francamente risibles cuando no directamente deleznables, de una puerilidad ofensiva. En cuanto a la novela llamada histórica, yo no creo en esa distinción, impuesta más por la lógica comercial que por la realidad del hecho literario. Hay novelas, buenas, regulares o malas, y nada más. Nadie tendría la osadía de catalogar a "El siglo de las luces" de Carpentier, o "Bomarzo", de Mujica Lainez, como meras "novelas históricas". Yo aspiro a hacer literartura. Que los hechos y los personajes se situen en una época concreta no es mi responsabilidad, aunque sí mi compromiso aceptado de honestidad hacia el lector, lo que me obliga, en aras de la verosimilitud, a recrear esa época con toda la fidelidad y esmero posibles.

-¿Con qué tópicos acaba su novela respecto a una época de la historia que fue manipulada por el régimen franquista con Viriato y otro héroes de ese tipo?

No creo que acabe con ninguno, por desgracia, pero sí es beligerante con la idea de unos pueblos ibéricos que, comandados por caudillos como Viriato, Indívil y Mandonio, etc, "resistieron heróicamente" a la "invasión" romana. Lo que estaba en juego era el poder sobre Iberia, la joya del mediterráneo y posteriormente del imperio, y muchos pueblos lucharon por ella. Viriato fue un jefe de guerra más entre los muchos que contendieron, y lo mismo luchaba contra Roma que contra las ciudades iberas que se resistían a pagarle tributos. Al final triunfó Roma, es decir, la civilización en un mundo que, necesariamente, la tuvo como guía y avanzada del progreso de la época, en todos los ámbitos, para surcar el larguísimo camino que lleva de las edades antiguas a la modernidad. Sin Roma y su legado, que somos nosotros mismos, no es viable el concepto siquiera de modernidad.

-¿Qué ha querido decir o contar en su novela además de una historia de amor ambientada en un momento determinado?

He querido hablar de algunos temas que me interesan. Yo no escribo para que otros vean lo mucho que sé o lo bien que se me da este oficio, sino para saber, conocer, aprender y, en todo caso, preguntarme a mí mismo sobre aquello que me inquieta. He querido interrogarme sobre el sentido de la lealtad, el honor, la amistad, la valentía y, sobre todo, "la recompensa", es decir, el anhelo de todo ser humano de hallar legítima compesación a sus afanes en este mundo. Al final, como en el libro del Apocalipsis, me quedé con el aserto, muy cierto según creo, de que la obligación de toda persona sensata es la de "ser el hombre que lleva siempre consigo su recompensa". 

-¿Cómo ve la España del Estatut frente a aquella Hispania romana?

Mucho más despierta en cuanto a la visión global que de sí misma tiene la sociedad, y más o menos lo mismo de "sitiada" por las apetencias locales de caudillos locales.

-¿Qué relación tiene La diosa de barro con La dama de Baza?

Es la imagen, la figura de la Dama de Baza, una diosa de barro que no es una diosa, que no pertenece estrictamente hablando al arte ibérico, que fue comprada por a saber qué jefe tribal bastiano a averigüe usted qué comerciante griego o fenicio. Es una metáfora sobre la complejidad de lo real, y una metáfora perfecta, creo (no hablo de mi novela, sino de la imagen), porque como usted sabe se trata de una urna funeraria. Al final todo acaba como en las escenas finales de una de mis películas favoritas, "Blade Runner" de Ridley Scott, con el héroe replicante componiendo, exactamente, la misma figura funeraria de la Dama de Baza, dejando escapar a la paloma, la vida, que sostiene en la mano, y aceptando lo que todos debemos aprender a aceptar: "Es hora de morir".

-¿Ha pretendido romper con las novelas de este corte, que ahora están tan de moda?

He pretendido hacer literatura, como siempre que escribo una novela, o sea, buscar la emoción y el conocimiento. No quería, ni me apetecía lo más mínimo, hacer divulgación histórica ni entretener con chascarrillos "de romanos". Para ese menester ya hay cantidad de películas, libros de amenidades y multitud de publicaciones.

-¿Hay que sumarse a una corriente literaria o a una moda para estar en los escaparates de las librerías, para tener presencia?

Puede que sí, el panorama literario se ha convertido en el mercado editorial y parece no tener remedio la cosa, de momento. Pero le insisto en que yo no escribo para estar en los escaparates de ningún sitio, sino para saber e intentar aprender, de las historias que cuento y de los lectores que me frecuentan... y porque no sé hacer otra cosa, para qué nos vamos a engañar.

-¿Considera que el panorama literario se ha plegado al mercado o existen aún verdaderos creadores?

Las dos cosas. hay excelentes novelistas que no tienen más remedio que transitar un paisaje literario convertido, efectivamente, en puro mercado. Es el precio que debemos pagar por la posibilidad tecnológica de editar masivamente historias en papel impreso, creo. Son los tiempos.
12/05/2006 18:19 Autor: ladiosadebarro. #. Tema: La diosa de barro

04/04/2006

LA NOVELA

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Nuria Barrios

 

 

 


El nombre de Silio Cneio es temido en Hispania como el de uno de los más fieros y audaces mercenarios que jamás haya tenido Roma. Su madre, una famosa adivina, vaticinó en su nacimiento que no moriría por la espada. Y así ha sido. Por cruentos que hayan sido los combates y por feroces que hayan sido los enemigos, Silio siempre ha salido vencedor. Raro es que sobrevivan más de ocho años quienes se dedican al oficio de las armas y, sin embargo, Silio ha llegado a la vejez con el cuerpo intacto, la cabeza plena de aventuras y recuerdos y una pequeña fortuna en oro, pues Roma paga bien a quien bien la sirve. Ahora, cuando se acerca el final de sus días, Silio Cneio se dispone a contar su vida de mercenario desde la casa familiar de Abdera (hoy, el Adra almeriense). Es viejo y está solo, pues en las batallas combatidas no dejó la vida, pero sí perdió a los dos seres que más quería.   
Silio Cneio nació sin saber quién era su padre en un mundo controlado por el emperador Octavio Augusto. Roma garantizaba la paz y la ley y, a cambio, cobraba impuestos. La madre de Silio fue violada y asesinada durante una invasión bárbara cuando él tenía seis años. Un enigmático personaje llamado Maharbal el Taciturno salvó al crío de correr la misma suerte. Educado desde entonces por su abuelo, un rico comerciante de Abdera con excelentes relaciones entre los fenicios, Silio decidirá muy pronto luchar a las órdenes de Roma.  
Enrolado en un ejército de mercenarios, Silio aprende a luchar, a convivir con los soldados, a vencer el miedo y a jugar con los elementos que marcan la vida de un hombre: el azar y el destino. En Munda, la gran ciudad donde se congregan los mercenarios de Roma, Silio se familiariza con la guerra y sus armas. Y allí, entre la muchedumbre que se agita bajo el estandarte y las águilas de Roma, conoce también el amor. El azar le lleva al encuentro de una jovencísima y hermosa prostituta, Sofonisba,  a quien convertirá en su compañera.
Con 17 años, Silio parte para su primera contienda. Su milicia debe acudir a Astúrica Augusta (la actual Astorga) donde tienen su base de operaciones los ejércitos de Roma. Desde ella saldrán para combatir a las tribus celtas del Finisterrae. Siguiendo las águilas de plata de Roma y al grito de “¡La sangre, sólo para la espada!”, Silio se verá inmerso en la batalla de Foncebao, la más despiadada, la más colosal en la que nunca participará.
El joven mercenario sale ileso de su bautismo de sangre. Desde ese momento, su vida se alterna entre crueles campos de batalla y el dulce lecho de la hermosa Sofonisba hasta el día que Maharbal el Taciturno se cruza de nuevo en su camino...

 

 

Profundo conocedor de la Hispania romana, el escritor José Vicente Pascual recrea la turbulenta y apasionante vida de un mercenario hispano en La diosa de barro. Sus conocimientos, combinados con una poderosa y viva imaginación, le permiten reconstruir la fascinante maquinaria bélica de la Roma imperial a través de la vida del protagonista, Silio Cneio.
Con un hermoso lenguaje, un preciso retrato de los personajes y un estilo que permite oler, sentir y ver los sucesos que describe, el escritor José Vicente Pascual sumerge al lector en una vertiginosa historia de amor, poder y guerra en la Hispania romana. Estructurada en cinco partes -Augurio, Finisterrae, Templo del Amanecer, La diosa de barro y Compendium-, la novela describe con viveza el mapa de un país, el nuestro, donde nunca faltaron visionarios y en el que obstinados focos de resistencia se opusieron al poder romano.

La diosa de barro, en la que resuenan ecos de Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, convierte en cercano el turbulento pasado y mantiene al lector en suspense hasta la última línea.   

 

04/04/2006 00:36 Autor: ladiosadebarro. #. Tema: La diosa de barro

23/12/2005

Augurio

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Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento en la Historia, único, desde Cicerón a Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre.
 
Gustave Flaubert.
 
 
 
 
Todo al hombre, Pericles, se lo dan el Azar y el Destino.
 
Arquíloco de Paros.

23/12/2005 18:31 Autor: ladiosadebarro. #. Tema: La diosa de barro

COMPENDIUM

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I

 

Siempre he servido a Roma, desde que mi abuelo Qai Cneio me puso bajo la protección del jefe de guerra Oresan hasta que volví a la tierra bastiana de mis antepasados, ya viejo y con el cuerpo enaltecido por muchas cicatrices, para reposar a cobijo de mi techo apacible, beber vino dulce que traen en cántaras de barro los comerciantes de Murgi, recordar en calma, escribir la historia de mi vida y gastar con sosiego y en prudente número, sabiendo que ya mi tiempo se acaba y no he de permanecer en este mundo más de dos o tres años, todas las riquezas que atesoré en las muchas campañas milicianas, asedios y saqueos en los mi sangre fue derramada a cambio de la espléndida recompensa con que Roma siempre paga a quien defiende sus estandartes con lealtad y valentía: el oro.  
Siempre he servido a Roma. He respetado la memoria de mis antepasados y muchas veces quemé incienso en ofrenda a los dioses que ellos me enseñaron a venerar; he merecido el afecto de algunos hombres notables por su fuerza y destreza en el campo de batalla, también por su sabiduría; he amado a varias mujeres, una de las cuales, Sofonisba, se convirtió en la risa y el fuego de mi juventud; he luchado y mezclado mi sangre con la de muchos enemigos por todo el solar de Hispania, participé en batallas que se prolongaron durante días y noches sin que me desfalleciera el ánimo ni mi brazo flaquease a la hora de cortar la cabeza a un adversario; he levantado la mirada al cielo, en medio de grandes matanzas, pidiendo a mi protectora Demeter que me concediese la victoria o una muerte digna del soldado que siempre quise ser; he conocido la fidelidad y la traición, la indulgencia y la impostura, el hondo sueño que embriaga después de haber matado al último de nuestros rivales y la angustiosa vigilia de quien ignora si verá el nuevo día, asediado por el rencor furioso de las sombras y cercanos clamores de muerte; y una vez, hace mucho tiempo, vi de cerca el rostro álgido y la mirada indiferente de la diosa de barro, y no temblé, no dejé que aquella presencia me turbase y no quise regalar a los sacerdotes que me sujetaban por los brazos y cabeza (obligándome a observar con sumo detenimiento a la diosa de barro), una gota de sudor, un escalofrío o siquiera un inquieto parpadeo. No considero soberbia ni mucho menos altanería decir hoy, simplemente, que mantuve la entereza y salí del encuentro con fama de hombre valeroso. Desde que murieron mis padres y fui rescatado de las cenizas de mi casa por Maharbal el taciturno, no he temido más que a una desgracia: perder el favor de mis compañeros de armas y que Roma, la magnífica, olvidase mi nombre y desdeñara mi pericia a la hora de combatir. Porque yo, Silio Cneio, bastiano de Actara, he preservado con infinita avaricia la más grande reputación que un hombre puede alcanzar en esta vida, no otra fortuna ni virtud que servir a Roma. Tan sólo esa decencia me ha bastado para considerarme libre, orgulloso y honorable. Ni siquiera el antiguo vaticinio que salió de labios de mi madre a los pocos instantes de nacer, según el cual yo nunca moriría por la espada, hizo que me considerase a mí mismo alguien diferente a los demás, con mayor suerte, mérito o mejor derecho al goce de privilegios. Mi pan, yo lo he ganado; mi oro es mío; mi ímpetu y mi sangre yo los gasté cuando quise y en las pendencias que me convinieron. Sólo Roma y la satisfacción de haber combatido al amparo de su nombre me hacen sentir hoy, cuando soy viejo y estoy lleno de recuerdos y me siento agitado por la subterránea fuerza de la nostalgia, un hombre honesto entre los demás hombres. Y esa es toda la ventura que necesitaré cuando se terminen los pliegos y se seque la tinta de Rumelia que uso para escribir y se apague la llama de mi linterna de aceite, y cierre los ojos y duerma para siempre... y encuentre en el gran arriba la imagen retornada, sin duda aún plena de dulzor y aquella admirable belleza que me deslumbraba, de Sofonisba, a quien todavía, en el recuerdo, yo amo.

 

(... para seguir leyendo...)

 

23/12/2005 18:27 Autor: ladiosadebarro. #. Tema: La diosa de barro

LA DIOSA DE BARRO

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Silio Cneio, mercenario, sabe desde la infancia que su destino se encuentra en el servicio de armas al único poder legítimo del mundo: Roma. Combate a las órdenes de Octavio Augusto contra los últimos reductos de resistencia cántabros y astures y, tras la definitiva instauración de la pax romana, se desepera en la búsqueda de su amada, Sofonisba, que ha sido raptada por Maharbal, un siniestro personaje empeñado en restaurar el culto monoteísta encarnado en la figura de una diosa de barro.

 

23/12/2005 15:05 Autor: ladiosadebarro. #. Tema: La diosa de barro


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