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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://ladiosadebarro.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>La diosa de barro</title><description>En este blog encontrar&#xE9;is no toda pero s&#xED; suficiente informaci&#xF3;n sobre la obra novel&#xED;stica y art&#xED;culos de prensa publicados por el escritor Jos&#xE9; Vicente Pascual, noticias, comentarios y enlaces de inter&#xE9;s. Pod&#xE9;is asimismo contactar con el autor en la secci&#xF3;n correspondiente. Todo gratis.</description><link>https://ladiosadebarro.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>ENTREVISTA</title><link>https://ladiosadebarro.blogia.com/2006/051201-entrevista.php</link><guid isPermaLink="true">https://ladiosadebarro.blogia.com/2006/051201-entrevista.php</guid><description><![CDATA[<p><em>IDEAL. Granada, 9/05/2006)</em></p><p>Juan Luis Tapia</p><p><em></em></p><div><span class="q"><p><strong>-&iquest;Por qu&eacute; una novela ambientada en un periodo hist&oacute;rico de la Hispania romana?</strong></p></span></div><div><p>No es en realidad la situaci&oacute;n temporal, la &eacute;poca de romanizaci&oacute;n de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica,&nbsp;lo me interes&oacute; en principio, sino el atractivo de un tiempo en el que, como dec&iacute;a Falubert, "s&oacute;lo estaba el hombre". El &uacute;nico poder real, colectivo, com&uacute;nmente reconocido en todo el &aacute;mbito civilizado, era el que se articulaba en torno al Imperio y el Emperador, el cual llegaba a ser divinizado en muchos territorios conquistados por Roma. Esa situaci&oacute;n del hombre solo en busca de su destino, que es la civilizaci&oacute;n, la b&uacute;squeda por tanto del m&aacute;s hondo sentido de su permanencia en este mundo, fue lo que me cautiv&oacute; de esa &eacute;poca convulsa, de miseria y esplendor, celebraci&oacute;n de la vida y exaltaci&oacute;n de la muerte "decorosa" que supuso el encontronazo entre los pueblos ib&eacute;ricos y el imperio romano. </p></div><div><span class="q"><p><strong>-&iquest;Se ha sumado a la pl&eacute;yade de t&iacute;tulos con enigmas o se trata de una novela de corte bien distinto a los &#39;c&oacute;digos&#39;?</strong></p></span></div><div><p>El &uacute;nico c&oacute;digo que me interesa es el de acceso a mi cuenta de correo electr&oacute;nico y a la banca digital, para ver c&oacute;mo andan mis n&uacute;meros rojos. Toda esa avalancha de misterios hist&oacute;ricos convertidos en intriga literaria ha producido algunas muy buenas novelas (como la saga templaria de Juan Eslava, "El abad Sauni&eacute;re" de Jean-Michel Thibaux, un relato lleno de encanto, emoci&oacute;n y sentido del humor, o "Los pergaminos c&aacute;taros" de Luis Melero, que es un novelista vers&aacute;til y brillante; pero la mayor&iacute;a de estas narraciones con vitola de tremebundo secreto escondido en el criptograma a medio desvelar de sus p&aacute;ginas, son francamente risibles cuando no directamente deleznables, de una puerilidad ofensiva. En cuanto a la novela llamada hist&oacute;rica, yo no creo en esa distinci&oacute;n, impuesta m&aacute;s por la l&oacute;gica comercial que por la realidad del hecho literario. Hay novelas, buenas, regulares o malas, y nada m&aacute;s. Nadie tendr&iacute;a la osad&iacute;a de catalogar a "El siglo de las luces" de Carpentier, o "Bomarzo", de Mujica Lainez, como meras "novelas hist&oacute;ricas". Yo aspiro a hacer literartura. Que los hechos y los personajes se situen en una &eacute;poca concreta no es mi responsabilidad, aunque s&iacute; mi compromiso aceptado de honestidad hacia el lector, lo que me obliga, en aras de la verosimilitud, a recrear esa &eacute;poca con toda la fidelidad y esmero posibles. </p></div><div><span class="q"><p><strong>-&iquest;Con qu&eacute; t&oacute;picos acaba su novela respecto a una &eacute;poca de la historia que fue manipulada por el r&eacute;gimen franquista con Viriato y otro h&eacute;roes de ese tipo?</strong></p></span></div><div><p>No creo que acabe con ninguno, por desgracia, pero s&iacute; es beligerante con la idea de unos pueblos ib&eacute;ricos que, comandados por caudillos como Viriato, Ind&iacute;vil y Mandonio, etc, "resistieron her&oacute;icamente" a la "invasi&oacute;n" romana. Lo que estaba en juego era el poder sobre Iberia, la joya del mediterr&aacute;neo y posteriormente del imperio, y muchos pueblos lucharon por ella. Viriato fue un jefe de guerra m&aacute;s entre los muchos que contendieron, y lo mismo luchaba contra Roma que contra las ciudades iberas que se resist&iacute;an a pagarle tributos. Al final triunf&oacute; Roma, es decir, la civilizaci&oacute;n en un mundo que, necesariamente, la tuvo como gu&iacute;a y avanzada del progreso de la &eacute;poca, en todos los &aacute;mbitos, para surcar el largu&iacute;simo camino que lleva de las edades antiguas a la modernidad. Sin Roma y su legado, que somos nosotros mismos, no es viable el concepto siquiera de modernidad. </p></div><div><span class="q"><p><strong>-&iquest;Qu&eacute; ha querido decir o contar en su novela adem&aacute;s de una historia de amor ambientada en un momento determinado?</strong></p></span></div><div><p>He querido hablar de algunos temas que me interesan. Yo no escribo para que otros vean lo mucho que s&eacute; o lo bien que se me da este oficio, sino para saber, conocer, aprender y, en todo caso, preguntarme a m&iacute; mismo sobre aquello que me inquieta. He querido interrogarme sobre el sentido de la lealtad, el honor, la amistad,&nbsp;la valent&iacute;a y, sobre todo, "la recompensa", es decir, el anhelo de todo ser humano de hallar leg&iacute;tima compesaci&oacute;n a sus afanes en este mundo. Al final, como en el libro del Apocalipsis, me qued&eacute; con el aserto, muy cierto seg&uacute;n creo, de que la obligaci&oacute;n de toda persona sensata es la de "ser el hombre que lleva siempre consigo su recompensa".&nbsp; </p></div><div><span class="q"><p><strong>-&iquest;C&oacute;mo ve la Espa&ntilde;a del Estatut frente a aquella Hispania romana?</strong></p></span></div><div><p>Mucho m&aacute;s despierta en cuanto a la visi&oacute;n global que de s&iacute; misma&nbsp;tiene la sociedad, y m&aacute;s o menos lo mismo de "sitiada" por las apetencias locales de caudillos locales.</p></div><div><span class="q"><p><strong>-&iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n tiene La diosa de barro con La dama de Baza?</strong></p></span></div><div><p>Es la imagen, la figura de la Dama de Baza, una diosa de barro que no es una diosa, que no pertenece estrictamente hablando al arte ib&eacute;rico, que fue comprada por a saber qu&eacute; jefe tribal bastiano a averig&uuml;e usted qu&eacute; comerciante griego o fenicio. Es una met&aacute;fora sobre la complejidad de lo real, y una met&aacute;fora perfecta, creo (no hablo de mi novela, sino de la imagen), porque como usted sabe se trata de una urna funeraria. Al final todo acaba como en las escenas finales de una de mis pel&iacute;culas favoritas, "Blade Runner" de Ridley Scott, con el h&eacute;roe replicante componiendo, exactamente, la misma figura funeraria de la Dama de Baza, dejando escapar a la paloma, la vida, que sostiene en la mano, y aceptando lo que todos debemos aprender a aceptar: "Es hora de morir". </p></div><div><span class="q"><p><strong>-&iquest;Ha pretendido romper con las novelas de este corte, que ahora est&aacute;n tan de moda?</strong></p></span></div><div><p>He pretendido hacer literatura, como siempre que escribo una novela, o sea, buscar la emoci&oacute;n y el conocimiento. No quer&iacute;a, ni me apetec&iacute;a lo m&aacute;s m&iacute;nimo, hacer divulgaci&oacute;n hist&oacute;rica ni entretener con chascarrillos "de romanos". Para ese menester ya hay cantidad de pel&iacute;culas, libros de amenidades y multitud de publicaciones. </p></div><div><span class="q"><p><strong>-&iquest;Hay que sumarse a una corriente literaria o a una moda para estar en los escaparates de las librer&iacute;as, para tener presencia?</strong></p></span></div><div><p>Puede que s&iacute;, el panorama literario se ha convertido en el mercado editorial y parece no tener remedio la cosa, de momento. Pero le insisto en que yo no escribo para estar en los escaparates de ning&uacute;n sitio, sino para saber e intentar aprender, de las historias que cuento y de los lectores que me frecuentan... y porque no s&eacute; hacer otra cosa,&nbsp;para qu&eacute; nos vamos a enga&ntilde;ar. </p></div><div><span class="q"><p><strong>-&iquest;Considera que el panorama literario se ha plegado al mercado o existen a&uacute;n verdaderos creadores?</strong></p></span></div><div>Las dos cosas. hay excelentes novelistas que no tienen m&aacute;s remedio que transitar un paisaje literario convertido, efectivamente, en puro mercado. Es el precio que debemos pagar por la posibilidad tecnol&oacute;gica de editar masivamente historias en papel impreso, creo. Son los tiempos. <br /></div>]]></description><pubDate>Fri, 12 May 2006 18:19:00 +0000</pubDate></item><item><title>OPINIONES</title><link>https://ladiosadebarro.blogia.com/2006/042901-opiniones.php</link><guid isPermaLink="true">https://ladiosadebarro.blogia.com/2006/042901-opiniones.php</guid><description><![CDATA[<p>Manuel Villar Raso</p><p><strong><em>La diosa de barro</em></strong></p><p><em>(IDEAL, 25/04/2006)</em></p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><span>A</span><span>L leer &lsquo;La diosa de barro&rsquo; (Rocaeditorial) de Jos&eacute; Vicente Pascual me ha sucedido lo mismo que cuando ha tiempo le&iacute; &lsquo;Las memorias de Adriano&rsquo;, dos reconstrucciones hist&oacute;ricas que hablan tanto del pasado como del presente. La primera sobre el muy conocido emperador Adriano, de quien Yourcenar hace una maravillosa recreaci&oacute;n, y la segunda de un mercenario desconocido de </span><span>la turbulenta Hispania, de quien yo al menos no sab&iacute;a nada por los libros de historia, y Jos&eacute; Vicente Pascual, de la mano de este hispano, llamado Silio, de Abdera, la Adra almeriense, se ha arrojado al mar y, con la pericia de quien puede navegar en aguas turbulentas, ha salido limpio a flote. Y puedo </span><span>afirmarlo rotundamente, vivito y coleando, porque yo, al menos, no podr&iacute;a. He </span><span>hecho mis pinitos hist&oacute;ricos, pero siempre sobre nuestro entorno. &Eacute;l no. Como el atleta se ha puesto un list&oacute;n alto, descubri&oacute; un personaje interesante, lo dej&oacute; hablar, se pas&oacute; meses, tal vez a&ntilde;os, oy&eacute;ndolo hablar y consigui&oacute; </span><span>al fin saltar el list&oacute;n de los sue&ntilde;os y lo hizo carne viva para nosotros, lo que me </span><span>hace pensar que la historia puede tener 2000 a&ntilde;os de antig&uuml;edad y que a nuestra cultura, donde con la imaginaci&oacute;n vivimos una existencia simult&aacute;nea, en la que pasado y presente coexisten, nada le es ajeno. El Ulises de Homero es tan actual en nuestras mentes como lo era en las de sus contempor&aacute;neos, si es que alguna vez existi&oacute;, y as&iacute; ser&aacute; y estar&aacute; siempre, vivo y joven en ella.<br /></span><span>&nbsp;</span><span>Esta es la grandeza de la literatura y de la imaginaci&oacute;n cuando un autor es capaz de recrearla y darle actualidad. Al leer &lsquo;La diosa de barro&rsquo; pienso en la </span><span>cantidad de historias que quedan por contar y que se contar&aacute;n mientras el mundo sea mundo. Las posibilidades son infinitas y no es posible agotarlas, como dir&iacute;a Borges, ya que el n&uacute;mero de elementos y la combinaci&oacute;n son infinitos, como la librer&iacute;a misma, mientras sigamos viviendo en este laberinto que es el mundo y no alcancemos el centro, donde est&aacute; el minotauro, o mientras sigamos so&ntilde;ando, viviendo y recre&aacute;ndolo. Naci&oacute; Silio en tiempos de Octavio Augusto, sin saber qui&eacute;n era su padre, su madre violada y asesinada cuando &eacute;l ten&iacute;a seis a&ntilde;os, </span><span>y su destino fue el azar y la guerra. Conoci&oacute; el amor. Luch&oacute; en Astorga y en tierras vasconas, donde descubre que su padre existe, le roba a su amante y &eacute;l lo perseguir&aacute; despiadadamente y sin darle cuartel por toda la Hispania romana, hechos estos que a Vicente pascual le sirven para recrearnos sucesos, lugares y paisajes con una maestr&iacute;a que nos mantiene en suspense hasta el final.<br /></span><span>En &lsquo;La diosa de Barro&rsquo; nada queda fuera sin que su autor pasee su p&aacute;tina maestra y cr&iacute;tica, ni el paisaje ni los pol&iacute;ticos ni los militares ni los pesadores ni los tiranos. De ah&iacute; que sea un libro para leer con la mente abierta, una joya y una reflexi&oacute;n sobre el poder y el amor en especial. En &eacute;l no s&oacute;lo se nos brinda el sabor de la acci&oacute;n, por tanto; cada p&aacute;gina es un retrato de aquel tiempo y de este tiempo, una mirada inteligente sobre nuestra &eacute;poca y una reflexi&oacute;n siempre </span><span>honda sobre el amor, la vida y la muerte, temas de siempre. &laquo;Con los a&ntilde;os y el devenir he conocido a alguna gente parecida, los que nunca dudan, los que mucho creen, quienes se consideran muy sabios y muy llenos de verdad, todos los cuales son tan peligrosos para el ser humano como doce ej&eacute;rcitos alzados con la fan&aacute;tica intenci&oacute;n de destruir, saquear y llenar de sangre el mundo...&raquo;. Y como esta p&aacute;ginas otras muchas sobre el ambiente, los olores, las sensaciones y las visiones, pero de una manera exquisita, sencilla y detallada, hasta el punto de que podemos respirar el aire de la vieja Hispania. Un libro, en definitiva, para pasar un hermoso fin de semana o para tenerlo de cabecera si se prefiere degustarlo despacio.<br /></span><span>No suelo releer libros, pero &eacute;sta es &lsquo;La diosa de Barro&rsquo; y lo merece, y &eacute;ste es el Vicente Pascual que me gusta, un narrador complejo y l&uacute;cido, cosas ambas poco frecuentes; un autor exquisito, capaz de fusionar la historia con la ficci&oacute;n moderna, ya con la distancia de la sabidur&iacute;a, y que nos regala un libro ciertamente atractivo para amantes de la buena literatura.</span><span><br /></span><em>&nbsp;<br /></em>]]></description><pubDate>Sat, 29 Apr 2006 14:47:00 +0000</pubDate></item><item><title>Jos&#xE9; Manuel Garc&#xED;a Mar&#xED;n</title><link>https://ladiosadebarro.blogia.com/2006/042401-jose-manuel-garcia-marin.php</link><guid isPermaLink="true">https://ladiosadebarro.blogia.com/2006/042401-jose-manuel-garcia-marin.php</guid><description><![CDATA[<p>Sobre<em><strong> La diosa de barro</strong></em></p><p><strong><em>Feria del libro. C&oacute;rdoba, 23/04/2006</em></strong></p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><strong>LA DIOSA DE BARRO<br /></strong><p style="font-size: 12px">Con &laquo;La Diosa de Barro&raquo;, publicada por Roca Editorial, Jos&eacute; Vicente Pascual suma un t&iacute;tulo m&aacute;s de los dedicados a la novela hist&oacute;rica, dentro de su propia obra. Obra que, por cierto, ha sido galardonada en numerosas ocasiones con importantes premios, entre los que hay que destacar: el Azor&iacute;n, en 1989, el premio Caf&eacute; Gij&oacute;n, en 1993 o el de la Fundaci&oacute;n Alfonso XIII, en 1995. Narrador, novelista, articulista... su &laquo;curriculum&raquo; es tan extenso que, si continu&aacute;ramos, se nos agotar&iacute;a el tiempo de que disponemos sin hablar de la novela que hoy presentamos. B&aacute;stenos saber que, adem&aacute;s de colaborar con otras publicaciones y peri&oacute;dicos, lleva diez a&ntilde;os como columnista del peri&oacute;dico Ideal de Granada y que su prestigiosa labor literaria es tan reconocida, que la Academia de las Buenas Letras de Granada lo cuenta entre sus miembros.</p><p style="font-size: 12px">En &laquo;La Diosa de Barro&raquo;, la clave del momento, que est&aacute; situado en la Hispania todav&iacute;a no acabada de romanizar, nos la da la cita de Flaubert que el autor ha querido que vaya al principio del libro: &laquo;Cuando los dioses ya no exist&iacute;an y Cristo no hab&iacute;a aparecido a&uacute;n, hubo un momento en la Historia, &uacute;nico, desde Cicer&oacute;n a Marco Aurelio, en que s&oacute;lo estuvo el hombre.<span style="font-size: 12px">&raquo;</span> </p><p style="font-size: 12px">Ubicados en ese punto, con un comienzo digno de una epopeya, Jos&eacute; Vicente nos describe un mundo en el que el hombre est&aacute; solo, donde el &uacute;nico dios es un hombre, el emperador; un poder, Roma; una virtud: servir a la civilizaci&oacute;n; y unos valores: la lealtad, la valent&iacute;a, el honor... y el amor que nos redime de esa condici&oacute;n errante, solitaria en el universo, y nos devuelve nuestra dimensi&oacute;n m&aacute;s humana. En realidad el hombre no est&aacute; solo porque puede amar y, en virtud del amor, perpetuarse como verdadero centro de todo lo que existe. Acaso, por ello, sea otra raz&oacute;n al t&iacute;tulo, esta vez menos obvia, que la que se nos ofrece en el relato. </p><p style="font-size: 12px">A partir de aqu&iacute; y en torno al protagonista, Silio Cneio, protegido de la muerte que pudieran darle otros hombres, por el soplo divino de una profec&iacute;a de su madre, no crea y desarrolla el argumento, sino que lo teje en trama de sabrosa urdimbre. De manera que quedamos atrapados en el mismo centro del escenario, entre birremes romanas, o en tupidos bosques por los que las ardillas recorr&iacute;an la pen&iacute;nsula con sus patas inmaculadas de tierra; en poblados primitivos, humeantes, del norte, o en Abdera, la vieja Adra, en Axi (Almu&ntilde;&eacute;car) o en Astorga, entonces Ast&uacute;rica Augusta; con los elementos de fondo exquisitamente cuidados: la gastronom&iacute;a, el c&eacute;lebre &laquo;garum&raquo; -aquella salmuera de pescado-, delicioso al paladar romano; el vino de Murgi, la vestimenta de pieles de los mercenarios, las armas, etc., que son esos aparentes peque&ntilde;os detalles que dan vida a una novela y que permiten que sintamos el salado viento del &laquo;Mare Nostrum&raquo; en plena cara.</p><p style="font-size: 12px">&laquo;La Diosa de Barro&raquo; sostiene un ritmo que no es trepidante ni tiene por qu&eacute; serlo. Es el necesario: el del pulso de los hombres, el nuestro. As&iacute;, se mantiene palpitante, de forma que no languidece, en todo el transcurso de la narraci&oacute;n. </p><p style="font-size: 12px">Con el latido en ese pulso, los personajes son n&iacute;tidos, vibrantes, veros&iacute;miles por org&aacute;nicos... est&aacute;n vivos. Yo no los calificar&iacute;a de arquetipos, pero s&iacute; de caracteres que ocupan mentalidades asentadas en distintas direcciones, como en la vida; de tal manera que, estas diferencias de actitud y de pensamiento, aderezan y enriquecen el &laquo;cocimiento&raquo; de la novela.</p><p style="font-size: 12px">Por trazar un ligero perfil de algunos de ellos, se&ntilde;alar&eacute; a: </p><p><strong><em>Elvio</em>.- Es el diplom&aacute;tico, amante de los griegos, seducido por su poes&iacute;a. Pero, &iquest;es un c&iacute;nico?, &iquest;un cantor?, &iquest;o ambas cosas?</strong></p><p><strong><em>Qai Cneio.-</em> El h&aacute;bil y rico mercader, que sabe aprovechar los certeros vaticinios de su hija, madre de Silio, su nieto.</strong></p><p><strong><em>Ores&aacute;n.-</em> Encarna al guerrero infatigable, curtido en mil batallas, al maestro, jefe de guerra de mercenarios al servicio de Roma.</strong></p><p><strong><em>Maharbal, el Taciturno</em>.- Un personaje oscuro, tenebroso, inquietante y con un extra&ntilde;o influjo en la existencia de Silio.</strong></p><p><strong><em>Sofonisba</em>.- Representa la belleza, la dulzura del amor, niveladora del rigor, de la crudeza, de la vida del guerrero que ha elegido ser el protagonista.</strong></p><p><strong><em>Silio Cneio</em>.- Es el personaje principal. Actor, espectador y narrador de la acci&oacute;n. Nos describe lo que ve y lo que hay en su consciente, pero dejando entrever el inconsciente del personaje humano, con sus inseguridades, contradicciones, y los impulsos que lo motivan, bajo la capa de sabidur&iacute;a del protagonista, ya anciano. A trav&eacute;s de este prisma, contemplamos la transformaci&oacute;n del ni&ntilde;o al joven, de &eacute;ste al hombre, al guerrero, que mata sin sa&ntilde;a, con la furia contenida en una suerte de honorable lealtad al adversario; y, finalmente, al venerable, con su destino cumplido.</strong></p><p></p><p></p><p>&nbsp;</p><p style="font-size: 12px">Jos&eacute; Vicente Pascual se declara disc&iacute;pulo de Mujica La&iacute;nez, y &eacute;ste, de vivir, con seguridad lo considerar&iacute;a su mejor ep&iacute;gono. Ambos comparten la virtud de retozar, de deslizarse por el borde de la erudici&oacute;n sin jam&aacute;s caer en ella, ni despojarnos del placer literario. No me resisto a leerles un breve p&aacute;rrafo de &laquo;La Diosa de Barro&raquo;, como muestra de lo dicho: &nbsp;</p><p style="font-size: 12px">&laquo;Fue una revelaci&oacute;n, as&iacute; lo creo..., la s&uacute;bita llamada de un pasado tan remoto que hasta ese mismo d&iacute;a yo lo mantuve en el olvido: la pasi&oacute;n de mi madre, adivina de Abdera, y del hom&shy;bre que la posey&oacute; entre sombras, con el sigilo de quien enco&shy;mienda el azar de sus amores al espectro de la luna menguan&shy;te, y el frenes&iacute; de caricias y silencio en el que fui engendrado, un gran banquete de palabras nunca dichas, un gozo cegador oculto en el seno de la mujer que me traer&iacute;a al mundo. Aquel destello hab&iacute;a permanecido en m&iacute; furtivo, agazapado, inc&oacute;gni&shy;to como veneros por los que manan f&uacute;lgidos metales bajo el nicho de la madre tierra. Y en un instante, un parpadeo fugaz entre la ignorancia y el desvelamiento, lo supe: cierto, yo nunca morir&iacute;a por la espada, pero s&oacute;lo entonces comprend&iacute; que ha&shy;b&iacute;a nacido para la guerra, s&iacute;, y tambi&eacute;n para amar a aquella jo&shy;ven que permanec&iacute;a inconmovible, como una diosa entre fieles sumisos, mientras la vieja alcahueta chillona iba declamando las virtudes de su hermosura.&raquo;</p><p style="font-size: 12px">Y es que su prosa es fluida, culta, pero pr&oacute;xima. Las palabras han sido minuciosamente elegidas con el objetivo de facilitar la visi&oacute;n de un hecho, de un panorama o la comprensi&oacute;n de una reflexi&oacute;n profunda que, sin embargo, no pesa porque la hace cabalgar sobre dos airosos corceles, que tiene bien domados: el de la agilidad y el de la belleza.</p><p style="font-size: 12px">Para quienes no conozcan la obra de Jos&eacute; Vicente, tengo que advertirles de un peligro: no se regresa de una novela suya impunes, inmunes o salvos, de que se nos despierte el deseo o, m&aacute;s bien, la urgente necesidad de leer toda su obra. Cr&eacute;anme, yo mismo soy una de sus incondicionales v&iacute;ctimas. Advertidos est&aacute;n. </p><p><strong>C&oacute;rdoba, 23/04/2006</strong></p>]]></description><pubDate>Mon, 24 Apr 2006 20:00:00 +0000</pubDate></item><item><title>LA NOVELA</title><link>https://ladiosadebarro.blogia.com/2006/040401-la-novela.php</link><guid isPermaLink="true">https://ladiosadebarro.blogia.com/2006/040401-la-novela.php</guid><description><![CDATA[<p><strong>Nuria Barrios</strong></p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p><br />El nombre de Silio Cneio es temido en Hispania como el de uno de los m&aacute;s fieros y audaces mercenarios que jam&aacute;s haya tenido Roma. Su madre, una famosa adivina, vaticin&oacute; en su nacimiento que no morir&iacute;a por la espada. Y as&iacute; ha sido. Por cruentos que hayan sido los combates y por feroces que hayan sido los enemigos, Silio siempre ha salido vencedor. Raro es que sobrevivan m&aacute;s de ocho a&ntilde;os quienes se dedican al oficio de las armas y, sin embargo, Silio ha llegado a la vejez con el cuerpo intacto, la cabeza plena de aventuras y recuerdos y una peque&ntilde;a fortuna en oro, pues Roma paga bien a quien bien la sirve. Ahora, cuando se acerca el final de sus d&iacute;as, Silio Cneio se dispone a contar su vida de mercenario desde la casa familiar de Abdera (hoy, el Adra almeriense). Es viejo y est&aacute; solo, pues en las batallas combatidas no dej&oacute; la vida, pero s&iacute; perdi&oacute; a los dos seres que m&aacute;s quer&iacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br />Silio Cneio naci&oacute; sin saber qui&eacute;n era su padre en un mundo controlado por el emperador Octavio Augusto. Roma garantizaba la paz y la ley y, a cambio, cobraba impuestos. La madre de Silio fue violada y asesinada durante una invasi&oacute;n b&aacute;rbara cuando &eacute;l ten&iacute;a seis a&ntilde;os. Un enigm&aacute;tico personaje llamado Maharbal <em>el Taciturno </em>salv&oacute; al cr&iacute;o de correr la misma suerte. Educado desde entonces por su abuelo, un rico comerciante de Abdera con excelentes relaciones entre los fenicios, Silio decidir&aacute; muy pronto luchar a las &oacute;rdenes de Roma.&nbsp;&nbsp; <br />Enrolado en un ej&eacute;rcito de mercenarios, Silio aprende a luchar, a convivir con los soldados, a vencer el miedo y a jugar con los elementos que marcan la vida de un hombre: el azar y el destino. En Munda, la gran ciudad donde se congregan los mercenarios de Roma, Silio se familiariza con la guerra y sus armas. Y all&iacute;, entre la muchedumbre que se agita bajo el estandarte y las &aacute;guilas de Roma, conoce tambi&eacute;n el amor. El azar le lleva al encuentro de una jovenc&iacute;sima y hermosa prostituta, Sofonisba,&nbsp; a quien convertir&aacute; en su compa&ntilde;era.<br />Con 17 a&ntilde;os, Silio parte para su primera contienda. Su milicia debe acudir a Ast&uacute;rica Augusta (la actual Astorga) donde tienen su base de operaciones los ej&eacute;rcitos de Roma. Desde ella saldr&aacute;n para combatir a las tribus celtas del Finisterrae. Siguiendo las &aacute;guilas de plata de Roma y al grito de &ldquo;&iexcl;La sangre, s&oacute;lo para la espada!&rdquo;, Silio se ver&aacute; inmerso en la batalla de Foncebao, la m&aacute;s despiadada, la m&aacute;s colosal en la que nunca participar&aacute;. <br />El joven mercenario sale ileso de su bautismo de sangre. Desde ese momento, su vida se alterna entre crueles campos de batalla y el dulce lecho de la hermosa Sofonisba hasta el d&iacute;a que Maharbal <em>el Taciturno</em> se cruza de nuevo en su camino...</p><p><img src="//ladiosadebarro.blogia.com/upload/externo-3aa6f3543dc89e027cf40075a2af214e.jpg" border="0" />&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p style="font-size: 12px; font-family: arial black,avant garde">Profundo conocedor de la Hispania romana, el escritor Jos&eacute; Vicente Pascual recrea la turbulenta y apasionante vida de un mercenario hispano en <em>La diosa de barro.</em> Sus conocimientos, combinados con una poderosa y viva imaginaci&oacute;n, le permiten reconstruir la fascinante maquinaria b&eacute;lica de la Roma imperial a trav&eacute;s de la vida del protagonista, Silio Cneio. <br />Con un hermoso lenguaje, un preciso retrato de los personajes y un estilo que permite oler, sentir y ver los sucesos que describe, el escritor Jos&eacute; Vicente Pascual sumerge al lector en una vertiginosa historia de amor, poder y guerra en la Hispania romana. Estructurada en cinco partes -<em>Augurio</em>, <em>Finisterrae</em>, <em>Templo del Amanecer</em>, <em>La diosa de barro </em>y <em>Compendium-</em>, la novela describe con viveza el mapa de un pa&iacute;s, el nuestro, donde nunca faltaron visionarios y en el que obstinados focos de resistencia se opusieron al poder romano. </p><p style="font-family: arial black,avant garde"><span style="font-size: 12px"><em>La diosa de barro</em>, en la que resuenan ecos de <em>Memorias de Adriano, </em>de Marguerite Yourcenar, convierte en cercano el turbulento pasado y mantiene al lector en suspense hasta la &uacute;ltima l&iacute;nea.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p><p style="font-family: arial black,avant garde">&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Tue, 04 Apr 2006 00:36:00 +0000</pubDate></item><item><title>Augurio</title><link>https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122307-augurio.php</link><guid isPermaLink="true">https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122307-augurio.php</guid><description><![CDATA[<div><em><span>Cuando los dioses ya no exist&iacute;an y Cristo no hab&iacute;a aparecido a&uacute;n, hubo un momento en la Historia, &uacute;nico, desde Cicer&oacute;n a Marco Aurelio, en que s&oacute;lo estuvo el hombre.</span></em><span><br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span><em><strong>Gustave Flaubert</strong></em>.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><em><span>Todo al hombre, Pericles, se lo dan el Azar y el Destino.</span></em><span><br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span><em><strong>Arqu&iacute;loco de Paros</strong></em>.<br /></span><span><br /></span></span></span></div>]]></description><pubDate>Fri, 23 Dec 2005 18:31:00 +0000</pubDate></item><item><title>COMPENDIUM</title><link>https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122306-compendium.php</link><guid isPermaLink="true">https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122306-compendium.php</guid><description><![CDATA[<div class="Section1"><span style="font-family: &rsquo;Times New Roman&rsquo;; mso-ansi-language: ES-TRAD"><span style="font-family: &rsquo;Times New Roman&rsquo;; mso-ansi-language: ES-TRAD"><span style="font-family: &rsquo;Times New Roman&rsquo;; mso-ansi-language: ES-TRAD"><span style="color: #ccff33; font-family: &rsquo;Times New Roman&rsquo;; mso-ansi-language: ES-TRAD"><div class="Section1">I <p>&nbsp;</p><span style="font-size: 14px; font-family: book antiqua,palatino"><span style="font-size: 18px"><span style="color: #ff0000; background-color: #ffff66">Siempre </span>he servido a Roma, desde que mi abuelo Qai Cneio me puso bajo la protecci&oacute;n del jefe de guerra Oresan hasta que volv&iacute; a la tierra bastiana de mis antepasados, ya viejo y con el cuerpo enaltecido por muchas cicatrices, para reposar a cobijo de mi techo apacible, beber vino dulce que traen en c&aacute;ntaras de barro los comerciantes de Murgi, recordar en calma, escribir la historia de mi vida y gastar con sosiego y en prudente n&uacute;mero, sabiendo que ya mi tiempo se acaba y no he de permanecer en este mundo m&aacute;s de dos o tres a&ntilde;os, todas las riquezas que atesor&eacute; en las muchas campa&ntilde;as milicianas, asedios y saqueos en los mi sangre fue derramada a cambio de la espl&eacute;ndida recompensa con que Roma siempre paga a quien defiende sus estandartes con lealtad y valent&iacute;a: el oro.</span>&nbsp;&nbsp;<span style="font-size: 18px" /><span style="font-size: 18px" /></span></div><span style="font-size: 18px; font-family: book antiqua,palatino"><span style="color: #ff0000; background-color: #ffff99">Siempre</span> he servido a Roma. He respetado la memoria de mis antepasados y muchas veces quem&eacute; incienso en ofrenda a los dioses que ellos me ense&ntilde;aron a venerar; he merecido el afecto de algunos hombres notables por su fuerza y destreza en el campo de batalla, tambi&eacute;n por su sabidur&iacute;a; he amado a varias mujeres, una de las cuales, Sofonisba, se convirti&oacute; en la risa y el fuego de mi juventud; he luchado y mezclado mi sangre con la de muchos enemigos por todo el solar de Hispania, particip&eacute; en batallas que se prolongaron durante d&iacute;as y noches sin que me desfalleciera el &aacute;nimo ni mi brazo flaquease a la hora de cortar la cabeza a un adversario; he levantado la mirada al cielo, en medio de grandes matanzas, pidiendo a mi protectora Demeter que me concediese la victoria o una muerte digna del soldado que siempre quise ser; he conocido la fidelidad y la traici&oacute;n, la indulgencia y la impostura, el hondo sue&ntilde;o que embriaga despu&eacute;s de haber matado al &uacute;ltimo de nuestros rivales y la angustiosa vigilia de quien ignora si ver&aacute; el nuevo d&iacute;a, asediado por el rencor furioso de las sombras y cercanos clamores de muerte; y una vez, hace mucho tiempo, vi de cerca el rostro &aacute;lgido y la mirada indiferente de la diosa de barro, y no tembl&eacute;, no dej&eacute; que aquella presencia me turbase y no quise regalar a los sacerdotes que me sujetaban por los brazos y cabeza (oblig&aacute;ndome a observar con sumo detenimiento a la diosa de barro), una gota de sudor, un escalofr&iacute;o o siquiera un inquieto parpadeo. No considero soberbia ni mucho menos altaner&iacute;a decir hoy, simplemente, que mantuve la entereza y sal&iacute; del encuentro con fama de hombre valeroso. Desde que murieron mis padres y fui rescatado de las cenizas de mi casa por Maharbal el taciturno, no he temido m&aacute;s que a una desgracia: perder el favor de mis compa&ntilde;eros de armas y que Roma, la magn&iacute;fica, olvidase mi nombre y desde&ntilde;ara mi pericia a la hora de combatir. Porque yo, Silio Cneio, bastiano de Actara, he preservado con infinita avaricia la m&aacute;s grande reputaci&oacute;n que un hombre puede alcanzar en esta vida, no otra fortuna ni virtud que servir a Roma. Tan s&oacute;lo esa decencia me ha bastado para considerarme libre, orgulloso y honorable. Ni siquiera el antiguo vaticinio que sali&oacute; de labios de mi madre a los pocos instantes de nacer, seg&uacute;n el cual yo nunca morir&iacute;a por la espada, hizo que me considerase a m&iacute; mismo alguien diferente a los dem&aacute;s, con mayor suerte, m&eacute;rito o mejor derecho al goce de privilegios. Mi pan, yo lo he ganado; mi oro es m&iacute;o; mi &iacute;mpetu y mi sangre yo los gast&eacute; cuando quise y en las pendencias que me convinieron. S&oacute;lo Roma y la satisfacci&oacute;n de haber combatido al amparo de su nombre me hacen sentir hoy, cuando soy viejo y estoy lleno de recuerdos y me siento agitado por la subterr&aacute;nea fuerza de la nostalgia, un hombre honesto entre los dem&aacute;s hombres. Y esa es toda la ventura que necesitar&eacute; cuando se terminen los pliegos y se seque la tinta de Rumelia que uso para escribir y se apague la llama de mi linterna de aceite, y cierre los ojos y duerma para siempre... y encuentre en el gran arriba la imagen retornada, sin duda a&uacute;n plena de dulzor y aquella admirable belleza que me deslumbraba, de Sofonisba, a quien todav&iacute;a, en el recuerdo, yo amo. </span><p>&nbsp;</p></span></span></span><span style="color: #ccff33; font-family: &rsquo;Times New Roman&rsquo;; mso-ansi-language: ES-TRAD"></span><span style="color: #ccff33; font-family: &rsquo;Times New Roman&rsquo;; mso-ansi-language: ES-TRAD"></span><span style="color: #ccff33; font-family: &rsquo;Times New Roman&rsquo;; mso-ansi-language: ES-TRAD"></span><span style="color: #ccff33; font-family: &rsquo;Times New Roman&rsquo;; mso-ansi-language: ES-TRAD"><a title="(... para seguir leyendo...)" href="http://www.rocaeditorial.com/product_info.php?products_id=139&amp;osCsid=e211e5eaa5026cbf06208294cfe3b95a" target="_blank">(... para seguir leyendo...) </a></span><span style="color: #ccff33; font-family: &rsquo;Times New Roman&rsquo;; mso-ansi-language: ES-TRAD"><a title="(... para seguir leyendo...)" href="http://www.rocaeditorial.com/product_info.php?products_id=139&amp;osCsid=e211e5eaa5026cbf06208294cfe3b95a" target="_blank"><p>&nbsp;</p></a></span></span></div>]]></description><pubDate>Fri, 23 Dec 2005 18:27:00 +0000</pubDate></item><item><title>Guerreros y mercenarios</title><link>https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122305-guerreros-y-mercenarios.php</link><guid isPermaLink="true">https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122305-guerreros-y-mercenarios.php</guid><description><![CDATA[<p>Un pueblo de comerciantes que sobrevi&oacute; al convertir la guerra en su raz&oacute;n de ser.</p><p>&nbsp;</p><p><a title="HistoriaLago" target="_blank" href="http://www.historialago.com/leg_iber_01025_guerreros_01.htm">HistoriaLago</a></p>]]></description><pubDate>Fri, 23 Dec 2005 16:15:00 +0000</pubDate></item><item><title>Iberia</title><link>https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122304-iberia.php</link><guid isPermaLink="true">https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122304-iberia.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p><strong>Siglo I AdC</strong></p>]]></description><pubDate>Fri, 23 Dec 2005 16:01:00 +0000</pubDate></item><item><title>LA DIOSA DE BARRO</title><link>https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122303-la-diosa-de-barro.php</link><guid isPermaLink="true">https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122303-la-diosa-de-barro.php</guid><description><![CDATA[<p><strong>Silio Cneio, mercenario, sabe desde la infancia que su destino se encuentra en el servicio de armas al &uacute;nico poder leg&iacute;timo del mundo: Roma. Combate a las &oacute;rdenes de Octavio Augusto contra los &uacute;ltimos reductos de resistencia c&aacute;ntabros y astures y, tras la definitiva instauraci&oacute;n de la pax romana, se desepera en la b&uacute;squeda de su amada, Sofonisba, que ha sido raptada por Maharbal, un siniestro personaje empe&ntilde;ado en restaurar el culto monote&iacute;sta encarnado en la figura de una diosa de barro.</strong></p><p>&nbsp;</p><p></p>]]></description><pubDate>Fri, 23 Dec 2005 15:05:00 +0000</pubDate></item><item><title>Jos&#xE9; Vicente Pascual</title><link>https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122302-jose-vicente-pascual.php</link><guid isPermaLink="true">https://ladiosadebarro.blogia.com/2005/122302-jose-vicente-pascual.php</guid><description><![CDATA[<p>Jos&eacute; Vicente Pascual, Madrid, 1956.<br /><br /><br /><strong>PUBLICACIONES</strong>:<br /><br /><strong>Relato</strong><br />"Mi coraz&oacute;n africano". Ficciones, Granada, 1994. - Colecci&oacute;n La General (<em>Relatos de la Guerra Civil</em>), Granada, 2006.l<br />"Nueve ficciones s&uacute;bitas". El signo del gorri&oacute;n, Valladolid, 1995.<br />"Perpetua costumbre". Ed. Osuna, Granada, 1996.<br /><br /><strong>Novela</strong>:<br />"La monta&ntilde;a de Taish&aacute;n" (Premio Azor&iacute;n, 1989). Aguaclara, Alicante, 1990.<br />"El capit&aacute;n de plomo" (Premio Caf&eacute; Gij&oacute;n, 1993). Aguaclara, Alicante, 1994.<br />"El cuarto oscuro". Ediciones B, Barcelona, 1995.<br />"Palermo del cuchillo" (Premio Fundaci&oacute;n Alfonso XIII, 1995). Ediciones B, Barcelona, 1996.<br />"Juan Latino". Ed. Comares, Granada, 1998.<br />Ed. Atrio, (cuarta edici&oacute;n), Granada, 2003. Ed. La Vela-Comares (quinta edici&oacute;n), Granada, 2007.<br />"El pescador de p&aacute;jaros". Ed. Comares, Granada, 2000.<br />"El pa&iacute;s de Abel". IDEAL - Ed. Dauro, Granada, 2002.<br />"El arpa de oriente". Ed. Atrio, Granada, 2003.<br />"El ingeniero y el rey". Ed. Arial, Granada, 2003.</p><p>"<strong>La diosa de barro</strong>" Rocaeditorial. Barcelona, marzo de 2006.</p><p>"An&iacute;bal y la caverna". Ed. Atrio. Granada, 2006.</p><p>"Juan de Flores, la verdad de la impostura". Fundaci&oacute;n CajaGranada, 2007.<br /><br /><strong>Adaptaciones</strong>:<br /><em>Teatro</em>.- "Juan Latino". Compa&ntilde;&iacute;a de Tito Junco Mart&iacute;nez. Estrenada en el teatro Alhambra, Granada, enero de 2000. Representaciones en Espa&ntilde;a, Francia, Argentina y Cuba.<br /><br /><em>Narrativa</em>.-"El segundo hijo del mercader de sedas para j&oacute;venes lectores". Ed. Comares, Granada, 2000.<br /><br /><strong>Periodismo literario</strong>:<br />Ha colaborado en diversas publicaciones (Tiempo, Man, Diario de C&oacute;rdoba y Cuadernos del Sur entre otras). Desde 1997 es colaborador y columnista, con secciones semanal (Puerta Real) y quincenal (El s&iacute;ndrome de Waterloo), en el diario IDEAL de Granada (Grupo Vocento).</p><p>Es colaborador de la revista <em><strong>El Manifiesto</strong></em>, con el blog <em><strong>Lejos de Itaca</strong></em>.</p><p>Es miembro de n&uacute;mero de la Academia de Buenas Letras de Granada.</p><p>Discurso de entrada (07/05/2007): "El realismo de lo singular, indiiduo versus ideolog&iacute;a en la narrativa de occidente"</p><p>Desde el 16 de Pedal de 133 (Era Pataf&iacute;sica), es S&aacute;trapa Transcendente del Institutum Pataphysicum Granatensis.</p><p><br /><br /><br /><strong>Contacto</strong><br /><a href="/granadaliteraria@gmail.com">granadaliteraria@gmail.com</a></p>]]></description><pubDate>Fri, 23 Dec 2005 15:03:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
